¿Lo han intoxicado los medios?

Usted se levanta con todo el ánimo hasta las nubes. Se siente bien. Usted sonríe ante la vida. Todo se confabula para hacer de ese un día maravilloso …
De pronto… Obviamente usted desea enterarse de todo lo que sucede en el planeta. Enciende la radio y empieza a escuchar el empleo de los nuevos términos gramaticales: “levantaron a cuatro”; “las narcofosas”; “encontraron otro narcotúnel”, etc.
Y desde luego, las noticias de siempre: el actor Fulano ya salió del closet. La actriz Perengana fue detenida cuando hizo estallar el alcoholímetro que ya no dio más de sí…
A pesar de todo, usted ha tomado la decisión de seguir sintiéndose feliz. Pero hay una conjura radiofónica contra usted: la Bolsa Mexicana de Valores está en su nivel más bajo en los últimos 4 mil años… Olvida usted la radio, enciende la TV. El bien maquillado locutor de noticias comenta que el Premio Nobel de la Paz lo acaba de ganar enviando 35 mil efectivos a Irak, para que les rompan la progenitora a los “enemigos”.
Le cambia usted de canal. Se ven las “enemil” familias que están contagiando de dengue a los mosquitos (efectivamente, es al revés)… Usted ya no está tan seguro de que quiere seguir sintiéndose feliz. Cambia el canal. Aparece un Fulanito delicadísimo que se viste con cortinas de algún almacén de La Lagunilla, y dice en tono profético: ‘Piscis, el día de hoy te va ir como en feria’. Usted ahora trae arrastrando la autoestima….
La pregunta de los 64 mil… ¿De verdad los medios de comunicación –así de genérico– intoxican a la gente? Con el permiso de los teóricos de la comunicación a mí me parece que sí. Claro está, que es necesario precisar que –lamentablemente– la minoría de los “mass media”, se salvan de esta aseveración.
¿Sabe usted cuál es el problema, en mi modestísima opinión? Que este tipo de informaciones “acostumbran” al televidente y/o al navegante del ciber espacio, como dice Benedicto XVI, a conceptualizar como “normal”, las cosas más terribles y sensacionalistas.
El Pontífice, semanas atrás, rindió homenaje a –hombres y mujeres– quienes buscan llenar las ciudades de amor. Para creyentes o no, el mensaje del Papa resulta extraordinario. Son palabras alentadoras, en medio del discurso fatalista. No se trata de meras frases que “suenen bonito” al oído en momentos complicados. Se trata, como el mismo Pontífice lo señaló, de una esperanza profunda: “Afirmó que María repite a los hombres de nuestro tiempo: ‘no tengáis miedo, Jesús ha vencido al mal’”.
En efecto, el mal es narrado, amplificado, refriteado. El riesgo es empezarlo a ver, como “algo natural”; hasta caer en la estupidez de que “así son las cosas”.
Benedicto XVI lo define de forma interesante: “En la ciudad viven –o sobreviven– personas invisibles, que de vez en cuando saltan a las primeras páginas o a las pantallas de televisión, y son aprovechadas – utilizadas – hasta el final, mientras la noticia y su imagen llaman la atención. Es un mecanismo perverso”.
El llamado es a humanizar los medios de comunicación a tener caridad por el otro. El objetivo no es sentirnos únicamente espectadores de problemas o males. Después de recibir esa “información” tendenciosa o cuando menos, incompleta –por no invitar a investigar, sino simplemente a digerir– es lógica la consecuencia: ¿Se ha fijado usted que la gente sonríe menos?… Frente a la intoxicación a la que nos exponen algunos medios, valdría la pena hacer un esfuerzo adicional para “humanizar” a los medios y a la sociedad. Como señala Benedicto XVI, no sirve de nada condenar o denunciar. Es mejor, dice el Papa, responder al mal con el bien. Esa postura sí cambiará la realidad. Esta actitud sí transforma a las personas que nos rodean y, por supuesto, ayuda –y mucho– a mejor la sociedad.

Acerca del autor