Es habitual que después de periodos de labor académica, nuestros estudiantes gocen de vacaciones. Niños, adolescentes y jóvenes gozarán estas vacaciones descansando de la rutina de la escuela o la universidad. La mente también necesita descanso así como el cuerpo. Muy merecidas las vacaciones para los alumnos y maestros. Pero hay que pensar en tantos connacionales nuestros, hombres y mujeres sobre todo en el campo que nunca han tenido vacaciones, y esto nos pone de manifiesto el estado de pobreza e injusticia que priva en nuestro país, y esto nos invita a que valoremos en todo su sentido la oportunidad de cesar en las labores cotidianas y descansar.
Quienes tienen el privilegio de las vacaciones, sobre todo los estudiantes, deben aprovechar este periodo para crecer como personas. Las vacaciones no son tiempo de simple ociosidad, de no hacer nada. Hay mucho qué hacer en el hogar. Los padres de familia esperan que sus hijos ayuden en las tareas hogareñas, las cuales, tomadas con buen ánimo y alegría, hacen descansar el espíritu y la mente para volver a las aulas con renovado empeño. Los padres de familia deben aprovechar este tiempo de mayor cercanía con los hijos para completar su educación y trasmitirles las virtudes humanas y cristianas propias de la familia; sobre todo, las vacaciones son una oportunidad para educar el corazón de sus hijos, y educar el corazón es lo mas importante para el futuro de ellos y eso lo deben dar prioritariamente los padres.
También creo que las vacaciones deberían ser un tiempo para Dios. Todo tiempo es del Señor y conscientemente debemos ofrecérselo. Pero en vacaciones es obvio que podemos intensificar los actos religiosos: Eucaristía, oración, conocimiento de la Biblia, catecismo, lectura de libros que ilustren nuestra fe. En realidad, se puede afirmar que las vacaciones son un regalo del Señor para buscar más el autentico bien y a Dios, ese Ser cercano, sencillo y amoroso que nos acompaña en nuestros trabajos, fatigas y llena nuestra vida de reposo, alegría y paz.
Pienso que las vacaciones son también un ámbito para el silencio y reflexión. Hacer un alto en el camino. Analizar cómo vamos viviendo, que tal vamos en la vida, qué dirección u orientación llevamos. Si voy realizando un proyecto de vida, si tenemos objetivos y metas, o si vamos llevados por un ritmo inconsciente en la vida. Hay que examinar con valentía nuestros defectos y preguntarnos con honradez: ¿Qué piensan los demás de mí? ¿Qué hemos aportado a los demás? Hemos recibido mucho y ¿qué hemos hecho por la familia, por la sociedad, por nuestra patria?
El periodo de vacaciones es también una oportunidad de prepararse más intelectualmente, sea participando en algún curso formativo, de idiomas, en lo particular leer algún buen libro de literatura universal o nacional, o de historia. Qué favorable sería en este año que celebramos el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, el que leyeran algo relacionado con estos trascendentes movimientos hacia la libertad y justicia social en nuestra Patria!
Que los estudiantes vivan adecuadamente sus vacaciones, y así transcurridas, podrán recomenzar con nuevas fuerzas sus labores escolares. Animarse con el sabio consejo de San Agustín: “Haz lo que puedas, pide lo que no puedas, y Dios hará que puedas”.
+ Mario Espinosa Contreras
Obispo de Mazatlán
Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM)